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Yankees de Nueva York y el béisbol: una pasión sin fin

La imagen de Mike Piazza aún impresiona, parado allí en home mirando a Mariano Rivera como un asesino a sueldo de la mafia siciliana; esa imagen es inmortal, pues, segundos después, el italiano conectaba un sólido batazo a lo profundo del center field y, tras la atrapada de Bernie Williams, la corona número 26 de los Yankees de Nueva York era un hecho.

Sí, fue hace veinte años y entonces comenzaba el nuevo milenio, con él nuevas y grandes esperanzas; en el deporte, la ciudad australiana de Sidney acogía unos Juegos Olímpicos de leyenda, Francia revalidaba su condición de potencia futbolera del momento, al vencer a Italia en la Eurocopa de ese año 2000, los Lakers buscaban remontar en títulos dentro de la NBA y, en el béisbol, los Yankees de Nueva York ganaban su tercer anillo de forma consecutiva…ya saben cómo.

Mucho pudiera escribirse sobre los Yankees, es algo que se ha hecho en disímiles oportunidades y se seguirá haciendo; cuando se menciona béisbol, sin discusión hay que enfocar los sentidos para ver pasar las imágenes: el río Hudson imponente, la Gran Manzana, Wall Street, Manhattan, Brooklyn, entra John dos Passos y, en Manhattan Transfer, Nueva York se vuelve el centro del universo… Ruth, Gherig, di Maggio, Mantle, Maris, Rizzutto, Berra; los padres de todas las generaciones.

Flash Forward

Como un deja vu los protagonistas parecen volver, Mariano Rivera toma las señas de Jorge Posada, asiente con la cabeza, en el cajón de bateo Shane Victorino está dispuesto a no ser el último out del partido, también mira a Mariano con cara de asesino, su figura enjuta parece no intimidar, pero sí, el segundo hombre en la tanda de Philadelfia es un dolor de cabeza y sigue ahí:     – No seré el out 27, irán a celebrar después, no ahora-, se lee en sus ojos. Rolling lento por segunda, Robinson Cano está cargado sobre primera base, atrapa la bola y… ¡Pumm!, los Yankees de Nueva York ganan su título 27.

Ya hacen 11 años de aquellos sucesos y tal parece que fue ayer; en un contexto donde los Filies dominaban a placer, nadie pensó que los Bombarderos fueran a ganar en ese año 2009, más cuando en el comienzo de la temporada, inaugurando el nuevo estadio, los Indios de Cleveland habían noqueado a los locales.

La historia es así, amasa los hechos de un modo increíble y entonces la memoria nos hace volar; sale la imagen de Reggie Jackson, con sus gafas, con su porte elegante en medio del Bronx, nadie se acuerda de sus ponches, de su frecuencia infame de ponches; todos recuerdan sus jonrones, tres, dos, uno, otra vez tres a la hora cero, como nadie, en plena Serie Mundial y marca una época, más allá de los 70 y 80, otra vez los Mulos son historia.

Otra vez

A finales de los 90, los Yankees de Nueva York vivían de lo simbólico, de la leyenda de sus figuras de antaño; el equipo andaba, la afición soñaba, pero hasta ahí; todo era fantasmagórico y un halo espectral merodeaba al estadio, a Manhattan, a el béisbol mismo, hasta la llegada del “Dios”, Joe Torre.

Décadas antes…

En un mundo diferente, con una mentalidad diferente, con un béisbol diferente, más táctico quizás, de más velocidad, en aquellos sesenta los cintillos de la prensa deportiva endiosan a Mickey Mantle: el rubio de oro, el ídolo, todo. Mantle contra Maris, 1961, ya no son 154, son 162, Mantle se lesiona, todos pensaban que sí lograría pasar al Babe, pero no, fue Roger Maris, el granjero Roger Maris y la pausa es necesaria…, la modernidad llegaba a Nueva York con otros matices, atrás quedaba aquella narración por radio del jonrón de Phil Mazerowski, aquella Serie contra los Piratas…otra vez Jackson, unos veinte años después, las historias se cuecen y nos dan lo mejor.

Después…

Solo cinco años necesitaron los Yankees para emerger como potencia del béisbol. Entre 1996 y el 2000, ganaron 4 anillos de Serie Mundial, es decir, ganaron todas las Series Mundiales menos la de 1997.

El siglo terminaba, la leyenda pretendía desparecer y un nuevo equipo nacía para reescribir la historia; Posada, Jeter, Petite, Mariano Rivera, Bernie Williams, Aaron Boone y Tino Martínez pusieron a soñar a la afición otra vez, se  mostraban imposibles, casi invencibles. Joe los hizo así, los creó a su manera y revolucionó el béisbol.

Si en el universo beisbolero pensamos en un referente la conciencia nos lleva hacia la profundidad de la pradera central en el Yankee Stadium, símbolo que es parte de una identidad global, todo sabe a rayas negras y blancas, es parte de una idiosincrasia, el mundo entero se rinde a sus pies.

Flash Forward 2

Cuando la magia de Joe Girardi se esfumó tras ganar la Serie Mundial de 2009 y todos pensábamos en otra dinastía, un halo mortuorio comenzó a rondar a la franquicia hasta la llegada de Aaron Boone y sus nuevos “ Mulos”; Judge, Torres, Andújar, Cole, Tanaka, Paxton, Severino, Happ, Gary Sánchez, le Maheiu, Stanton… una vez más la historia parece repetirse.

Escrito por: Alexander García

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