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Peloteros odiados por Cuba, pero amados por los cubanos

Si algo ha sido una constante, es que Cuba, la mayor de las Antillas, ha producido y continúa produciendo peloteros de calidad. De la misma manera que la tierra cubana es fértil para el cultivo de tabaco, se ha hecho famosa porque ha producido grandes peloteros. A lo largo de la historia del béisbol, los cubanos han tenido papeles protagónicos en las Grandes Ligas.

Estrellas cubanas

Adolfo Luque fue la primera estrella cubana en la década del 20. El dinamismo de Minnie Miñoso le valió el apodo del «Cometa Cubano». Las curvas de Camilo Pascual en la década del 60 fueron de gran interés por los Yankees de New York. Las ejecutorias de Luis Tiant y Tany Perez en los 60s y 70s pasaron desapercibidas por los residentes de la Antilla Mayor pero celebrada por los cubanos en el exterior. A finales de los 90s el  repertorio  de pitcheos de el Duque Hernández lo hizo parecer que era el dueño del cinturón de Batman por la gran cantidad de trucos que tenia. Recientemente las ejecutorias José «Pito» Abreu son seguidas por los cubanos de la isla y del exterior.

Cada cual con su conciencia

Todos estos peloteros han sido embajadores del deporte cubano. Algunos de ellos han sido censurados porque se han atrevido a hablar mal del régimen. Recordemos que después del 59, los peloteros que se quedaron fuera de Cuba no pudieron regresar por décadas. Lamentablemente la mayoría de los actuales peloteros cubanos en las Grandes Ligas no se atreven a expresarse por miedo a represalias a sus familiares o porque desean regresar a su terruño, o quieren continuar compartiendo con Dios y con el Diablo.

No olvidemos que en los 70s y 80s tener una gorra o camisa de los Yankees era motivo para ir preso, pues era el símbolo del Imperio, del beisbol de los esclavos. Tampoco olvidemos que los 90s ver un partido de beisbol de Grandes Ligas en un hogar cubano era motivo de sacrilegio. Como decía el celebre cómico cubano Tres Patines, te ibas «A la reja».

Los genios de la insuficiencia gubernamental cubana

De la misma forma que la dictadura ha querido borrar el recuerdo de «La Reina del Bolero», Olga Guillót, o la guaracha de Celia Cruz, los genios de la insuficiencia gubernamental cubana han querido vetar a un grupo de peloteros como personas «non grata». Han querido continuar adoctrinando a los seguidores del Rey de los Deportes, censurando el recuerdo de las ejecutorias en el diamante de juego a peloteros que escribieron su nombre en letras doradas en el libro de la historia del béisbol cubano.

Cuba censura lo que le conviene

En la música Guillot y Cruz se pronunciaron en contra de las injusticias y el atropello castrista. En el deporte, peloteros que sirvieron del espejismo de la grandeza cubana en el diamante, fueron vetados de la opinión pública al sorprender al mundo entero al exiliarse en el Imperio prohibido y hablar sobre las realidades que el gobierno trata de tapar con la mano. Esos jugadores fueron extirpados de la televisión y prensa escrita, no se hablan, no se mencionan como si nunca hubiesen existido.

Ejemplo de la censura deportiva, hace escasamente un par de semanas, durante el partido de las Estrellas, los números de los grandes jugadores fueron reconocidos pero como arte de magia, los números de Antonio Pacheco y Orlando Hernández fueron excluidos. La única explicación lógica es que son el recuerdo del fracaso del gobierno de Cuba y aun les duele que esas dos Grandes Estrellas se hayan marchado al «béisbol de los esclavos» como ellos se referían.

A continuación, algunos peloteros odiados en Cuba, pero amados por los cubanos

Bárbaro Garbey

El primer pelotero de las Series Nacionales en salir de Cuba y jugar béisbol de Grandes Ligas. Garvey fue acusado de arreglar juegos en Cuba. El comisionado Bobby Khuen le preguntó a Garvey sobre las acusaciones hechas desde Cuba, a lo que el jugador le explico que en Cuba no tenia dinero para alimentar a su familia. Que no se preocupara, que en las Grandes Ligas tenia un sueldo digno para hacerlo. Eso destapó que hasta los atletas de alto rendimiento pasaban trabajo en Cuba.

Orlando «El Duque» Hernández

Posiblemente el mejor lanzador cubano de su generación. Fue parte del poderoso equipo de los Industriales, comparado con los Yankees por la gran cantidad de campeonatos obtenidos. La defección del Duque fue un galletazo dirigido a los lideres comunistas.

Odrisamer Despaigne

Despaigne es uno de los pocos jugadores actuales que se ha pronunciado en contra del gobierno. Dijo que le gustaría lanzar en Cuba, pero cuando los que le gritaban traidores y desertores ya no estén. Solo lanzaría cuando haya democracia en Cuba.

Antonio Pacheco

Actualmente es un instructor en el complejo de Liga Menor de los Yankees en Tampa. Fue una leyenda del beisbol castrista. Fue parte de 22 Series Nacionales, 26 eventos internacionales. Con un promedio de bateo de por vida de .334, producto de 2356 indiscutibles. Fue manager del equipo nacional cubano. Impensable que una persona de confianza cruzara filas para buscar una mejor vida y de paso  trabajar con el enemigo. ¡Vetado!

Escrito por Raúl Ramos twitter @ramosrauli

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Peloteros odiados por Cuba pero amados por los cubanos

Peloteros cubanos

About Author

Nació en Puerto Rico, pero de raíces cubanas, Raúl descubrió el amor al beisbol gracias a su padre. Tuvo el privilegio de ser instruido en las pequeñas ligas por Juan y Félix Guilbe, ex jugadores de las Ligas Negras y leyendas de los Leones de Ponce. Comenzó su carrera en el fotoperiodismo en el 1996, siendo el fotógrafo oficial del equipo de beisbol de los Leones de Ponce durante las temporadas del 1997 al 1999. Se graduó de la Universidad Interamericana de Puerto Rico en el 1999. En el año 2000, se muda al estado de New Jersey donde continuó trabajando el fotoperiodismo deportivo en su tiempo libre. Se unió al equipo de Con las Bases Llenas en septiembre del 2018. Publicó la biografía del astro puertorriqueño Francisco “Pancho” Coímbre, Los Bates Grandes se Respetan, en enero del 2019. Actualmente es el presidente de la Fundación “Pancho” Coímbre con sede en Ponce, Puerto Rico.

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