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Pegui Mercado, el mejor jugador de béisbol de su generación

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Aunque Pegui Mercado se hizo famoso jugando béisbol Doble A en Coamo, Luis Alberto Mercado Toro lleva el barrio indio de Guayanilla tatuado en su corazón. ‘Berto’, como le dice su familia cercana, reconoce que los consejos de su primer dirigente lo ayudaron a llegar lejos en su carrera.

Mercado jugó béisbol Doble A por 21 temporadas. Sudó la camisa del equipo de Coamo por 20 y su última (Coamo le concedió el deseo de jugar cerca de la tierra que lo vio nacer), vistiendo el uniforme de Yauco.

Pegui Mercado es sin duda, el pelotero aficionado que más gloria le ha dado a Puerto Rico internacionalmente, utilizando el uniforme de la Monoestrellada por 12 años.  El coameño por adopción, es reconocido como el mejor jugador de su generación.

Después de su retiro como pelotero y de dirigente, Mercado se mantiene activo en el béisbol. Es el vicepresidente de una organización sin fines de lucro, que ayuda a personas vinculadas a la pelota dominguera.

 

Pregunta: ¿Cómo llegaste al equipo de Coamo?

R: Un pelotero de Coamo se partió un dedo y le preguntaron a Evelio Ramos si conocía a alguien que pudiera jugar.  Evelio, quien era bien respetado, dijo que si y me visitó junto a Ángel Luis Ramos y el apoderado del equipo, Carlos Ortíz Palomo.

Los tres llegaron a mi casa y Ortíz preguntó por Luis Mercado, Sali y dije que era yo.  Parece que el apoderado me vio flaco (pesaba 120 libras) y dijo “No, estamos buscando a Luis Mercado, el pelotero” y tuve que decir, sí, soy yo. Ortíz me miro de arriba a abajo, pero me firmaron a mitad de temporada gracias a Evelio.

 

¿Qué recuerdos tienes de tu primer juego?

Mi primer juego fue en 1966. Coamo estaba visitando a Juana Diaz. Recuerdo que cuando vi a los peloteros, lo que veía eran gigantes.  Me llaman para ponerme el uniforme y ninguno me servía, me quedaban muy grandes.  Llamaron a la mascota, le quitaron el uniforme y me lo dieron a mí. Parecía otra mascota y me pusieron a jugar rápido, porque necesitaban un outfield.

En mi primer turno me dieron un pelotazo, pero para mí eso no fue nada porque estaba a costumbrado a jugar con peloteros mayores que yo.  Después me fui de 2 – 2 y en el segundo juego me fui de 3-3.  En mi primer doble juego me fui de 5 -5.

En ese tiempo jugar Doble A era como ser (pelotero) profesional.  El que se pusiera un uniforme (de un equipo) de Doble A era la estrella del barrio y del pueblo (en donde vivía).

 

¿Qué recuerdos tiene del campeonato de Coamo de 1982?

Fue algo muy especial, fue en mi segundo año como dirigente.  No tenía mucha experiencia dirigiendo en ese momento.  Coamo fue campeón de Puerto Rico en 1958 y no había ganado desde ese año. Gracias a Dios llegamos a convertirnos en campeones divisionales.  Hicieron un fiestón.

 

¿Qué anécdotas tienes como dirigente?

Cuando te conviertes en dirigente, te conviertes en enemigo de algunos fanáticos y algunos jugadores.

Una vez lanzador me dijo “Yo quiero pitchear” y le di la bola. Le cayeron a palo en la misma primera entrada.  El miraba para el dugout y yo no hacía nada, me puse hasta de espaldas para no mirarlo. Lo deje ahí por 3 o cuatro entradas y más nunca me pidió la bola.

Hay un refrán que dice “Nunca pidas juego a un dirigente. Él te va a poner a jugar, pero si luces mal el dirigente te va a dejar ahí. Eso no se pide, eso es peligroso.

 

¿Qué anécdotas tienes como pelotero?

Una vez jugando centro field, Alejandro Santiago del equipo de Juana Diaz, bateo una línea por encima de mi cabeza y rebotó contra la verja de cemento.  Con suerte, la bola rebotó con fuerza hacia mí, la tire rápidamente a segunda y la segunda base tiró hacia primera base. Santiago iba jogueando hacia primera porque pensaba que había dado un jonrón. La bola llego a primera antes que él pisara la base y le dieron out.

En Puerto Rico tuve juegos muy buenos, de mucho bateo.  Bateé 567 hits en la doble A, pero me puse a dirigir y dejé de buscar récords.

En Cuba me paso algo muy especial.  Estábamos haciendo practica de bateo y me tocó a mí.  La gente se paró para aplaudirme.  En ese momento no sabía que estaba pasando, pensaba que la gente aplaudía porque había llegado alguien importante. Después del juego Osvaldo Gil (presidente de la Federación de béisbol de Puerto Rico) me dijo que los aplausos eran para mí.

Hice muchas amistades, en Cuba me decían hasta ‘Pegui’. Muchos de esos peloteros pudieron haber llegado a Grandes Ligas.

 

¿Con qué equipos jugaste en el béisbol la Coliceba?

Con Orocovis, Guayanilla y Villalba.  Todos los equipos estaban siempre bien reforzados. Con Villalba jugué con Rogelio Negrón y Tony Cruz, siendo campeones en el 1974-75.

 

¿Por qué no jugaste más tiempo en la Coliceba?

No jugué más porque tenía problemas con las curvas (Se ríe). Quiero decir, cuando iba (viajando) en los carros por las muchas curvas. Bateando no tenía problema con las curvas, al contrario, me gustaban mucho.

 

¿Por qué no firmó para jugar profesional?

Tuve varios ofrecimientos para firmar, pero si tú supieras, a mí me pasaron una de cosas.

Pedro Vázquez se interesó en mí. Él era un scout para la organización de Boston. Me dijo que me iba a firmar y me enviaría para Venezuela, que esperara el telegrama que me llegaría en los próximos días. A las dos semanas me llamó por teléfono una muchacha. Me dio el recado de que su abuelo, Pedro Vázquez, había fallecido.  Seguí jugando y me ofrecieron $2000. Yo ganaba más que eso jugando y decidí no firmar.

Por último, en el 1972 Roberto Clemente habló con los scouts de Pittsburgh para que me vieran.  Se terminó el torneo en Nicaragua y Roberto me dijo: “En enero vamos a hacer una fiesta en Carolina, van a haber sorpresas” y ocurrió el accidente de Clemente.

 

¿Qué hacías para jugar tan bien contra el equipo cubano?

Algunos peloteros se ponían nerviosos, se enfermaban. Para mí, Cuba era un equipo más. Yo decía: “El que venga a lanzarme, la bola tiene que venir por encima del home plate”. Yo sabía que ellos eran guapos y que los pitchers retarían los bateadores. Sabía que ellos me iban a retar a mí. Cuba (suspira), esa gente no perdía.

Fueron muy pocos los pitchers puertorriqueños que le ganaron a Cuba. Ellos eran profesionales. Nosotros jugábamos 30 juegos en nuestra temporada, ellos más de 90(en la de ellos).  Estaban amolaos, a ellos los acuartelaban y practicaban todos los días, mientras que nosotros lo hacíamos una vez a la semana.

Una vez fuimos a Cuba y ellos tenían tres equipos nacionales, el A, el B y el C. Tenían mucho talento.

Mi brazo era bastante fuerte y bien preciso, pude sacar a varios peloteros cubanos en segunda y tercera. Ellos me respetaban y yo a ellos.

Una vez me dijeron que la prensa internacional le preguntó a Servio Borges (mánager de Cuba) que cuál pelotero le gustaba del resto de los equipos (Internacionales). Él les contestó: «Si tuviese que escoger un pelotero, escogería a Luis Mercado de Puerto Rico para ser center field y su primer bate»; El resto no le interesaban.

 

¿De dónde salió el apodo de Pegui?

Me lo pusieron en mi barrio, en Guayanilla. Yo era buen fildeador en el parque del barrio y uno que me ve dijo “Este las pega todas’ y me empezaron a decir ‘Pegao’ porque las cogía todas. Después Benjamín Mari dice: “Vamos a decirle mejor ‘Pegui’ y se quedó ‘Pegui’. Valga la aclaración que en mi casa me conocen por Berto».

 

¿Cuál fue el mejor el mejor consejo que le dieron a Pegui Mercado?

Johnny González era apoderado y dirigente del equipo Clase B del barrio Indio de Guayanilla. Él hablaba de la disciplina en y fuera del terreno. Él (González) decía  : “Afuera te avalúan como persona y en el terreno como pelotero”.

 

Por Raúl Ramos. Me puedes seguir en twitter @ramosrauli

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About Author

Nació en Puerto Rico, pero de raíces cubanas, Raúl descubrió el amor al beisbol gracias a su padre. Tuvo el privilegio de ser instruido en las pequeñas ligas por Juan y Félix Guilbe, ex jugadores de las Ligas Negras y leyendas de los Leones de Ponce. Comenzó su carrera en el fotoperiodismo en el 1996, siendo el fotógrafo oficial del equipo de beisbol de los Leones de Ponce durante las temporadas del 1997 al 1999. Se graduó de la Universidad Interamericana de Puerto Rico en el 1999. En el año 2000, se muda al estado de New Jersey donde continuó trabajando el fotoperiodismo deportivo en su tiempo libre. Se unió al equipo de Con las Bases Llenas en septiembre del 2018. Publicó la biografía del astro puertorriqueño Francisco “Pancho” Coímbre, Los Bates Grandes se Respetan, en enero del 2019. Actualmente es el presidente de la Fundación “Pancho” Coímbre con sede en Ponce, Puerto Rico.

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