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Kendrys Morales: de Cuba y para el mundo

Desde su irrupción en la pelota cubana allá a comienzos de los 2000, Kendrys Morales fue una sensación, más cuando en su primera Serie Nacional impuso marcas para novatos que todavía perduran.

La figura del habanero siempre estuvo cargado de un halo místico que al día de hoy está vigente, pues a raíz de su salida de la MLB, la opción histórica de que pueda jugar su última temporada en La Habana con Industriales, dispara las expectativas de todos los aficionados.

Pero, estimados lectores, el tiempo vuelve atrás en sucesivos flashbacks y rememoramos que en su día Kendrys fue comparado con el mismísimo Omar Linares, de hecho, unos hablaron de que sería más grande.

Y fue así, imponente desde el comienzo, todo fue luz y a las dos manos despachaba pelotas, así como sonaba líneas atronadoras que impresionaban a todos, – se la da a cualquiera- sonaba la frase como un coro en el imaginario popular del fanático: «Su destino está en las Grandes Ligas», aseveraban otros.

Contra la oscuridad

Si Kendrys no rompe el dominio de Kleber Ojima durante aquel juego ante Brasil en la Copa Intercontinental de La Habana, allá por 2003, si Kendrys no la manda a volar bien lejos y deja tendidos a los suramericanos… ¿Cuántos monstruos no hubieran emergido para aterrorizar la alcurnia de la pelota cubana?

La incertidumbre era inmensa y llenaba de contrariedad a todos, Kendrys y su risa, Kendrys y su maestría en el cajón de bateo. Así, en aquel momento como salvador, Morales se adueñó de titulares y fue más protagonista que nunca: Industriales, equipo Cuba, Serie Nacional, los ojos del mundo comenzaron a ponerse sobre él.

Como una despedida de la pelota cubana, de su relación con Cuba y su gente, así pudiera verse su proyección descomunal en aquellos primeros años; estaba destinado a lograr todo, un poco más y llegó el silencio.

 

El regreso

Parecía que se había perdido, nadie hablaba de él, y de pronto, así como aparece un espectro, Kendrys se encuentra en Estados Unidos y, en ese 2006, con bombos y platillos hace su entrada en el Big Show.

El verdadero comienzo

Con la entrada de Kendrys Morales al Angels Stadium, el sueño se hacía realidad, eran el momento y el lugar indicados para ser él, de una vez y por siempre; Kendrys no defraudó y la cosa era de película, hasta esa torpe lesión, tras llegar al home después de un jonrón.

En aquel 2009 de ensueño, el habanero había logrado la titularidad después de la salida de Max Teixeira y su paso de más de 30 jonrones lo ubicaron bien alto, solo por detrás de Joe Mauer, a la postre MVP.

Todo pintaba bien hasta que aquel grand slam contra Seattle lo sacó del juego. A pesar de aquella abrupta salida, Kendrys plantó bandera y dejó bien claras cuáles serían sus aspiraciones; ya estaba en el mejor béisbol del mundo.

Su risa se impone otra vez, es como un niño grande, medio torpe, pero es un niño, sigue riendo, ya no es aquel muchacho medio desgarbado que irrumpió en la pelota cubana, ahora es una mole gruesa, inmensa; fluyen varias imágenes a la vez y se ve en home, listo para consumir turno, el bate parece una pluma en sus manos.

El tiempo pasa otra vez, Azulejos de Toronto, Marineros de Seattle, Reales de Kansas City, Atléticos de Oakland, pasan diez años, diez años fugaces, pasan muy rápido; diez años es nada, aunque en el béisbol, en la Gran Carpa, diez años son una vida, es la muestra fidedigna de que llegaste y triunfaste.

La figura

El rostro luce cansado, no es el rostro de aquellos primeros juegos en los juveniles, de aquellos con Arroyo Naranjo. No es el rostro de los 15 años; ya han pasado más de veinte y el adiós está cerca.

Cuando Kendrys Morales anunció su retiro del béisbol de Grandes Ligas, la noticia impactó a miles de fanáticos y seguidores; Kendrys fue símbolo de una generación, eslogan de un más allá en el béisbol; embajador de la excelencia de la pelota cubana del que aún se anhela un regreso a La Habana para terminar con Industriales.

Palabras finales

La idea vuelve, una y otra vez vuelve, hasta los más escépticos siguen soñando con Kendrys en Miami, jugando par de años con los Marlins, aunque en verdad luce imposible.

Si con algo me quedo, quizás como muchos, es con su llegada al Yankee Stadium, con su risa amplia y sincera, mostrando orgullo al vestir el uniforme a rayas de los Bombarderos, con ese jonrón inmenso por el right field, con la foto de su rostro mirando a lo lejos como buscando la bola… es algo imborrable.

Escrito por: Alexander García

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