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Con Las Bases Llenas

Los 60’s. Una década romántica para el béisbol.

El béisbol es y será un romance, pero una de las décadas más recordadas en su bella historia fue la de los 60’s. El amor por el juego estaba más fuerte que nunca y el pueblo demostraba una pasión increíble hacia este deporte y sus jugadores. Un asiento detrás de home en Yankee Stadium costaba 3$. Las tarjetas de los jugadores se compraban por un centavo. El juego era una obsesión nacional y gozaba de un romance eterno. En los Estados Unidos se vivían tiempos de cambios. Los Beatles invadían con su música la radio y la TV, el hombre caminaba en la luna y también se peleaba una guerra en Vietnam. El país veía un gran choque de generaciones.

En esta década el baseball se expandía. El nacimiento de nuevos equipos llegaba. Aun me da sentimiento ver las imágenes de más de 200 personas que presenciaron con dolor, la destrucción del Ebbets Field en Brooklyn, y de cómo, con lágrimas en sus ojos, el ex receptor: Roy Campanella, de los ya difuntos Brooklyn Dodgers, recibía un cubo con la tierra del home plate, donde recibió millones de lanzamientos en la receptoría durante su carrera, la cual a causa de un terrible accidente de tráfico, había culminado.

Los Dodgers se movían de ciudad a Los Angeles, donde ganarían 2 Series Mundiales, y no serían los únicos, ya que otro equipo en New York también se iba de la ciudad. Los Gigantes, ahora estarían en San Francisco y en el 62, New York recibía el renacer de un nuevo team: ”Los Mets”. Otros nuevos equipos que se crearon en la década, uno de ellos fueron Los Angeles de Anaheim, quienes tuvieron el honor de inaugurar su temporada, con el lanzamiento de la primera bola hecho por el gran Ty Cobb (la cual sería su ultima vez en un terreno antes de morir el 17 de julio del 61, ostentando un 367 de promedio de bateo de por vida), los Senadores de Washington se iban a Minnesota y cambiarían su nombre a los Twins. Los Senadores que intentaron seguir con un nuevo equipo en Washington fracasaron y otra vez se mudaban de ciudad, esta vez a Texas, donde se llamarían Los Rangers. En Texas también se creaba otro equipo, al inicio llamados los ‘’Colts45’’, pero luego cambiarían su nombre a Los Astros (equipo nombrado en honor de las bases aéreas que existían en la zona), estrenando nuevo parque techado y creando la grama artificial. En otros movimientos los Atléticos se iban de Kansas a Oakland y nacían los Royals (equipo nombrado en honor de dos grandes conjuntos que tuvo la ciudad, miembros de las llamadas ligas negras’’Los Azules Real’’ y ‘’Los Monarcas”).

En New York, los Yankees, aun con Mickey Mantle como estrella principal en los inicios de la década, gozaban de gloria. Cada vez que Mickey se paraba en el plato, el sonido del legendario Yankee Stadium simulaba el sonido del océano en la noche. Desde el inicio de esta década, hasta el 1964 los del Bronx ganaron 5 veces la Liga Americana. Iniciaron el 1960 con una increíble derrota ante los Piratas de Pittsburg, gracias al famoso homerun de Bill Mazeroski, para dejarlos al campo, en lo que sería la primera vez que una final era decidida por un batazo de cuatro esquinas. Recuerdan que en el bus de regreso de los Yankees, Mickey no paraba de derramar lágrimas por la derrota. Pero los Yankees eran un equipo temido, con unos bateadores temibles y poderosos. El lanzador de los Red Sox, Bill Monbouquette, recuerda que el solía mirar desde el banco las prácticas de bateo de los Bombarderos del Bronx. Era un todo un espectáculo, las bolas volaban por encima de la enorme pared del jardín izquierdo, conocida como ”EL monstruo verde”. Unas 150 bolas eran despachadas del Fenway Park por cada ronda. Al Forest, el encargado del terreno, subía con una escalera a recoger aquellas bolas y cuenta Monbouquette, que él se preguntaba-” A estos tipos les tengo que lanzar hoy?”.

En el 61 debido a la expansión, se aumentaba el calendario regular de 154 a 162 juegos. Roger Maris de los Yankees, había ganado el MVP en el 60 y junto a su compañero de equipo, Mickey Mantle, comenzaron rápidamente a conectarle muy bien a la bola, pegando cuadrangulares tras cuadrangulares, y esto enseguida atrajo la atención de todos. Maris, quien no era un favorito del público ni de la prensa, recibió todo tipo de amenazas e insultos, por estar cerca de romper el record del idolatrado bambino: Babe Ruth. El público amaba a Mantle, pero las lesiones lo afectaron tanto que con 54 bambinazos, se iba a lista de lesionados en septiembre dejando a Maris en búsqueda de la gran marca, la cual el entonces comisionado: Ford Frisch, en un intento de preservar la impuesta por Ruth, anunciaba que pondría un asterisco a las marcas que se rompiesen en más de 154 partidos. Al fin, Maris pese a todo, logro conectar su homerun 61, el último que culmino la temporada regular y así rompió el record, a pesar de cargar con el asterisco en su marca.

Esa temporada los Yankees ganarían la Serie Mundial frente a los Rojos de Cincinnati. Después del 61, los dirigentes del baseball notaron el aumento de la producción ofensiva de los equipos y decidieron ampliar la zona de strike y bajar la lomita del pitcher 10 pulgadas. Esto trajo ‘’la era del picheo’’, donde solo la nueva estrella ofensiva de Boston, Carl Yamstrenski, el cual reemplazo a la legenda, Ted Williams en el jardín izquierdo, pasaba los 300 puntos de average y luego ganaba el MVP del 67.

En el 62 volvían a ganar los Bombarderos, esta vez contra los Gigantes que tenían en su equipo a los 3 hermanos de apellido Alou: Jesús, Felipe y Matty.

Cabe mencionar, que en esta época las cosas todavía se hacían como era debido. Se atrapaba la bola con las dos manos, se corrían todas las bases y se tocaba cada una. Se sacrificaba a cualquier jugador y todos eran capaces de hacer las jugadas básicas del juego. Eso, sin embargo, comenzaría a cambiar al fin de esta década. Jugadores como Joe Pepitone, primera base, llegaba al equipo Yankee con nuevas ideas y modernismos. Instalo por primera vez un teléfono en su camerino. Fue el primero en desafiar las reglas de los peinados e insistió en dejarse el pelo largo y las patillas abundantes. Esto le trajo controversias con el propietario de los Yankees, el señor George Wise. Sus compañeros de equipo Mantle y Whitey Ford, le jugaban bromas todo el tiempo. Una vez, lo invitaron a cenar los dos gigantes del Bronx. Joe estaba feliz, iba cenar con los legendarios jugadores, a los cuales un día admiro de jovencito, y hoy compartía el diamante con ellos. Mantle, le dio una dirección en un papel y le dijo que el Restaurant se llamaba “La Flama”. Joe se dirigió a el lugar, tomo un taxi y demoro casi dos horas en llegar a las afueras de New York, donde estaba supuestamente el lugar. Al llegar se encontró las ruinas quemadas de un restaurant, donde un cartel destruido aun dejaba ver el nombre” La Flama”. En otra ocasión, Mantle, le puso talco de bebe en su secadora de pelo. Cuando salío de la ducha, Joe, y se decidió secar el cabello, recibió una buena dosis de polvo blanco en toda su cara.

Los contratos de los jugadores eran bajos, y los atletas no pensaban nunca en dejar sus equipos. El estelar jardinero de los Dodgers, Maury Wills, recuerda que después de terminar la temporada con 104 robadas, rompiendo el record anterior de Ty Cobb con 94, salió de la oficina del propietario feliz, a pesar de que no recibió un aumento, pero no fue cambiado y eso era para él una alegría. La de poder ser un Dodger de por vida. Frank Robinson, estelar jugador de los Rojos de Cincinnati, pidió un aumento en el 63: – ”He remolcado más de 100 bases”- le decía al propietario del equipo- el cual le respondió-” Pero dejaste más de 100 hombres en base”. Jugadores estelares como Al Kaline, de los Tigres de Detroit, tenían trabajos en el invierno, cuando no había temporada.

El mínimo de la liga era 6000$, esto fue así hasta 1969. Pero todas estas cosas, las cuales, no beneficiaban a los jugadores, eran para los fanáticos. Quienes no temían entregar su corazón a sus equipos y sus jugadores. Hasta los equipos sotaneros, tenían grandes estrellas. Los Cubs del 63 contaban en su roster con: Ernie Banks, Billy Williams y Ron Santo entre otros. Y a pesar que no se ponían todos los juegos en la TV, los fans sentían muy propios los equipos y se identificaban con los nombres y números de los jugadores.

Los lanzadores trabajaban cada 4 días. Muchos lanzaban 3 veces por semana. Los estelares querían enfrentarse unos contra otros. Salían a lanzar y sabían que estarían ahí todo el juego. Los 9 innings. Salir antes del noveno, representaba que no había hecho un buen trabajo. El lanzador dominicano, Juan Marishal, terminaba entre 20 y 25 partidos por temporada. En el 63 ocurrió un encuentro entre Marishal por los Gigantes y Warren Spahn por los Bravos, donde cada uno lanzo los 16 innings, hasta que en el final del capítulo 16, el equipo home club, Los Gigantes, dejaban al campo a su rival por cuadrangular del gran Willy Mays.

Década resaltada por el gran picheo, tanto así que, en 1968 el lanzador de los Tigers Danny McClain ganaba 31 juegos imponiendo nuevo record. Otra leyenda, Bob Gibson, de los Cardinales de San Luis, era sin dudas el más temido e intimidante pitcher de esa época. Gibson, quien fue incluso miembro del famoso equipo de baloncesto: ‘’Los Trotamundos de Harlem’’ (Harlem Globetrotters), en una ocasión rehusó dejar el montículo con una pierna rota. Impondría luego el record de 7 salidas consecutivas ganando en Series Mundiales y todas por juegos completos. Los lanzadores tiraban bolas pegadas todo el tiempo, Don Drysdale, de los Dodgers y Gibson eran temidos. Los bateadores sabían que pegarse al plato, les podía costar caro. Un bateador que le iba bien en sus primeras veces al bate contra un pitcher, sabía que iba a recibir un mensaje en su siguiente vez al bate.

Pero de todos los lanzadores de esa década, sin dudas el mejor fue Sandy Koufax, hijo de judíos, nacido en el Brooklyn, y quien al inicio quería ser un arquitecto, pero fue firmado a los 19 años por los Dodgers y así mandado directo a las mayores sin pasar por ligas menores con lo cual cambiaría su idea de ser arquitecto pero se convertiría en un artista del montículo. Sandy, jamás discutió conteos con un árbitro, y logro mejorar el descontrol de sus lanzamientos al inicio de su carrera para convertirse en la luminaria que fue. A pesar de no recibir mucho apoyo de carreras por parte de su equipo, puso los números más increíbles de esta etapa. Cuentan, que en el octavo inning, llamaba a su esposa y le decía: ”Calienta la cena ya voy en camino”. En el 1965 y ya con mucha molestia de su brazo, propinaba 382 ponches a sus bateadores rivales. El mismo Koufax y su compañero de equipo y también estelar lanzador Don Drysdale, pidieron un aumento en el 66 y no recibieron ni un centavo extra, siendo víctimas de no tener una unión laboral para jugadores, la cual nacería después y cambiaría el curso de la historia. Luego de mucha gloria y también mucho dolor en su brazo de lanzar, tristemente Koufax, decidía retirarse del béisbol con solo 31 años de edad y convirtiéndose 5 años después, en el jugador más joven miembro del Salón de la Fama en Cooperstown.

Algo triste también en los sesenta, fue el declive del gran Mickey Mantle. Quien las lesiones ya no lo dejaban jugar y paso a ser un jugador común y corriente. Cuenta Pepitone, que Mickey se ponchaba en los partidos y lloraba cuando llegaba al banco. No poder ayudar a su equipo era algo que el gran Mickey no aceptaba. Mickey una vez le confeso a su amigo Whitey Ford, que muchas veces tenía una pesadilla, en la que él se veía entrando al estadio, y oía el público gritar su nombre, pero no lograba abrir la puerta al campo de juego y se desesperaba hasta que se despertaba. Ese era su miedo al fracaso.

Algunos equipos incluidos los Yankees estaban lentos en su proceso de integración con jugadores de color y latinos. Elston Howard, en 1955 se convertía en el primero, 8 años después del debut de Robinson en llegar a los Yankees. Los Red Sox aun peor, fueron el último equipo en tener un jugador negro, cuando al fin contrataron al jugador Pumpsie Green. La Liga Nacional que estaba mucho más llena de jugadores latinos y de color solo perdió el juego de estrellas una sola vez en toda la década. La gran estrella de la liga, era sin dudas el estelarísimo jardinero central Willie Mays. Jugador más valioso del 65. Podía hacerlo todo, los elevados al central los atrapaba como si se los hubiesen lanzado a 3 pies. Los latinos inundaban las mayores, enfrentando no solo discriminación, sino también la barrera del idioma. Insultos culturales y racistas eran diarios y comunes en sus vidas.

Otros suceso de los sesenta, fue el retiro del genial bateador Ted Williams en el 1966, cuando conecto un inmenso jonrón, en su última vez al bate.

También se producía el cambio de Frank Robinson, de Cincinnati a Baltimore, el cual se convertiría en el único jugador en ganar un MVP en cada liga. Frank se unio a un tremendo roster que ostentaba a los lanzadores Mike Cuellar (cubano), Dan Nunnally, el estelar Jim Palmer, y el tercera base más defensivo de todos los tiempos en Brooks Robinson, además de un nuevo pintoresco director: Earl Weaver.

Nacían además los playoffs, donde ya no era lo principal ser el equipo que más juegos ganaba en la temporada regular. Seguían creciendo las franquicias y los recién creados Pilotos de Seattle se iban a Milwaukee y se hacían los Cerveceros, y en Montreal debido la feria de exposición mundial tan famosa nombraban al nuevo equipo ” Los Expos”. Los bravos se iban de Milwaukee a Atlanta. La década llegaba a su fin con los ”Milagrosos Mets” en 1969, ganadores de su primera Serie Mundial en solo 7 temporadas de creados. A partir de este momento, el béisbol ya  a punto de enfrentar una nueva etapa. La cual comenzaba con el famoso caso de Curt Flood. Pero esa historia se las dejo para una próxima ocasión.

 

 

Fuentes usadas: Baseball Reference; Documental: ”When it was a game”; Documental: Baseball by Ken Burns

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